“El enroque es una jugada especial, que se realiza con el rey y una torre. Es el único movimiento en el que se permite mover dos piezas en la misma jugada. Se realiza con el rey y cualquiera de las dos torres, siempre en la posición inicial de ambas piezas, de la siguiente manera: el Rey se mueve dos casillas en dirección a la torre con la que piensa enrocarse, a continuación y formando parte de la misma jugada, dicha torre pasa por encima del rey y se coloca a su lado, justo en la casilla siguiente”
El enroque es eso. Y es mucho más. El enroque es plantarse, enfriar el corazón y la mente y decir “esta partida la gano yo”. Porque no pueden ganar las dos. En la vida nada queda en tablas. O se gana o se pierde. Vencer o morir. ¿Estás dispuesto a entrar en ese juego? Si la respuesta es afirmativa prepárate a horas de calma tensa, de espera desesperante y de apartar de un manotazo las ganas de mandarlo todo a la mierda, de dar el brazo a torcer. Es caminar en el filo del sí y el no pero sin decantarse por ninguno de los dos. Es fingir, sólo fingir, que la otra persona no nos interesa más allá de lo que nos puede interesar la planta de nuestra vecina. Si realmente no nos interesa un pimiento, no vale la pena el esfuerzo.
Llega la hora del sudor frío, la sonrisa forzada y la respiración entrecortada. Hay que sobresalir por encima de la situación. Por nosotros mismos. Por nuestra dignidad. Ni una flaqueza ni un nervio mal gestionado.
Porque no se puede empezar nada desde el rencor.
Una vez finalizada la partida y hayamos ganado, el premio será a nuestros ojos banal. Pero jugamos por el placer de jugar. ¿O no?